EL ROMANTICISMO SE ENCUENTRA PERDIDO, PERO NO OLVIDADO
Cuántas veces yacemos vacíos por nuestra rutina y recurrimos a los sentimientos sin mayor respuesta que el silencio tortuoso. Es un hecho que reclama mayor autoridad en nuestras pausas cotidianas y ordinarias de la vida determinadas como días, el Romance.
Nos vemos a nosotros mismos pero no nos observamos, no nos encontramos; tenemos un caparazón de prejuicios y pseudo-ideas promulgadas por el pensamiento colectivo tergiversado por la moda y la inseguridad: colosales e íntimos vicios de la humanidad. Soy activo colaborador, en menor grado, de éstos últimos y no lo voy a negar; pero en fin soy creyente de que es una realidad concreta, pero que no se amalgama a mi alma por una simple razón; el Romance.
Es algo más que una simple palabra; en algunos despierta curiosidad y aventura, en otros la lujuria, el amor, el significado cursi o una empalagada utopía. En fin, me destina hacia una idea de vida, una forma de pensar recurrente a la imaginación. Es como si sobre un óleo viejo y seco pintara un cuadro nuevo con alternados tonos de colores. Y es que mi felicidad radica también de la utopía, como de la imaginación; de mis charlas a solas conmigo mismo o un café o un cigarrillo. El tiempo me corroe, me enseña, me experimenta, también me mata. El romance justamente hace que sea un guerrero bien puesto para hacerle frente al tiempo y a sus secuaces: los días, para que la sal sea mas salada y el azúcar mas dulce. Me convierte en un héroe ferviente y hambriento de emoción, me hace ser mas cómico, mas atolondrado; me hace ser mas romántico, mas yo. El día que pierda el romance, será porque me habré olvidado de mi mismo.
Cuántas veces yacemos vacíos por nuestra rutina y recurrimos a los sentimientos sin mayor respuesta que el silencio tortuoso. Es un hecho que reclama mayor autoridad en nuestras pausas cotidianas y ordinarias de la vida determinadas como días, el Romance.
Nos vemos a nosotros mismos pero no nos observamos, no nos encontramos; tenemos un caparazón de prejuicios y pseudo-ideas promulgadas por el pensamiento colectivo tergiversado por la moda y la inseguridad: colosales e íntimos vicios de la humanidad. Soy activo colaborador, en menor grado, de éstos últimos y no lo voy a negar; pero en fin soy creyente de que es una realidad concreta, pero que no se amalgama a mi alma por una simple razón; el Romance.
Es algo más que una simple palabra; en algunos despierta curiosidad y aventura, en otros la lujuria, el amor, el significado cursi o una empalagada utopía. En fin, me destina hacia una idea de vida, una forma de pensar recurrente a la imaginación. Es como si sobre un óleo viejo y seco pintara un cuadro nuevo con alternados tonos de colores. Y es que mi felicidad radica también de la utopía, como de la imaginación; de mis charlas a solas conmigo mismo o un café o un cigarrillo. El tiempo me corroe, me enseña, me experimenta, también me mata. El romance justamente hace que sea un guerrero bien puesto para hacerle frente al tiempo y a sus secuaces: los días, para que la sal sea mas salada y el azúcar mas dulce. Me convierte en un héroe ferviente y hambriento de emoción, me hace ser mas cómico, mas atolondrado; me hace ser mas romántico, mas yo. El día que pierda el romance, será porque me habré olvidado de mi mismo.

